Estaba segura de que era un sueño en un noventa y nueve por ciento. Las razones de esa certeza casi absoluta eran: en primer lugar, que vi siendo un vampiro, y los vampiros no duermen, así que no pueden soñar, y en segundo lugar porque vi a Edward sangrando y eso es imposible, a no ser que esté lleno de sangre porqué ha ido de caza. Aunque eso también era remotamente extraño, ya que Edward y todos los Cullen eran muy pulcros a la hora de ir de caza. La sangre de Edward era muy brillante y muy roja. Provenia de su cabeza, como si se hubiera dado un golpe con alguna esquina y se hubiera hecho un corte. Cuando vi a Edward, allí tendido, medio inconciente, sentí que mi mundo acababa, que mi mundo llegaba a su fin. Corrí hacia él y llamé a Carlisle, pero no venia. Intentaba chillar más alto, por sino me oia, pero no venia. De repente, Edward cerró los ojos y le llamaba para que despertara, pero no lo hacía.
Me desperté y vi a Edward a mi lado. Lo abracé tan fuerte como mis brazos podian y me puse a llorar como una niña pequeña. Edward, que no entendia nada, me abrazó y me acunó en sus brazos. Luego, Edward me dijo:
- Bella, ¿que pasa?- con un tono de preocupación -.
-He tenido un sueño horrible, Edward - dije entre sollozos - ¿Nunca me vas a dejar, Edward? - le pregunté -.
- Nunca, Bella - me dijo mientras sonreia -.
Cuando me relajé, me vestí y fui a desayunar.

Me desperté y vi a Edward a mi lado. Lo abracé tan fuerte como mis brazos podian y me puse a llorar como una niña pequeña. Edward, que no entendia nada, me abrazó y me acunó en sus brazos. Luego, Edward me dijo:
- Bella, ¿que pasa?- con un tono de preocupación -.
-He tenido un sueño horrible, Edward - dije entre sollozos - ¿Nunca me vas a dejar, Edward? - le pregunté -.
- Nunca, Bella - me dijo mientras sonreia -.
Cuando me relajé, me vestí y fui a desayunar.


No hay comentarios:
Publicar un comentario